|

Desde los primeros años
del cristianismo, pasando por la Edad Media y hasta principios
de este siglo, la tarea de evangelización estuvo reservada
únicamente a la rama sacerdotal de la Iglesia. Pero los tiempos
han cambiado y ahora se hace necesario que todos y cada uno de
nosotros, sacerdotes y laicos, jóvenes y viejos, respondamos al
llamado de Jesús de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio
a todos los hombres.
El mundo necesita apóstoles de la Nueva Evangelización de todas
las edades, razas, nacionalidades y oficios, que promulguen con
su propia vida, en todos los ambientes, que el cristianismo es
el camino a la salvación y que puede vivirse plenamente en todas
las realidades terrenas.
Un apóstol de la Nueva Evangelización debe poseer ciertas
características:
• Militante. La tarea de transformar al hombre no es una
labor fácil ni hay fórmulas mágicas para lograrlo. El apóstol de
la Nueva Evangelización concibe su vida como una lucha constante
contra las fuerzas del mal.
• Magnánimo. El apóstol sabe que ha sido elegido para
cosas grandes y que no tiene tiempo de detenerse en pequeñeces o
lamentaciones. Tiene un corazón grande en el que cabe todo el
mundo, pues a todo el mundo está enviado a predicar. En su
corazón caben todas las necesidades, miserias, dolores y
alegrías de los hombres. Siente la Iglesia y el mundo como
tierra fecunda de su trabajo. Sus aspiraciones son grandes, así
como grandes son sus deseos de lucha, su capacidad de amar y de
entregarse.
• Tenaz, fuerte y perseverante. La lucha será continua.
La victoria no se logra en un día, ni en una semana, ni en un
año: habrá que luchar toda la vida. Por ello, se necesitan
apóstoles convencidos para que no desistan, para que combatan
sin desmayo, para que no se dejen vencer por la pereza, la
cobardía, la falsa prudencia o la lamentación.
• Realista. El apóstol debe construir sobre roca,
conocerse a sí mismo con todas sus cualidades y limitaciones, y
conocer el campo donde tiene que evangelizar y las dificultades
a las que se va a enfrentar. De esta manera podrá hacer planes y
programas que vayan directamente a la raíz de los problemas. El
apóstol no puede vivir de sueños, debe luchar en la realidad.
• Eficaz en su labor. El apóstol de la Nueva
Evangelización pone todo lo que está de su parte en la tarea de
evangelizar. No se detiene ante costos ni sacrificios. Busca
siempre nuevos caminos para lograr lo que se le ha encomendado.
• Organizado. Trabaja de manera sistemática, de acuerdo
con un programa que él mismo ha trazado. Sabe que sin orden no
puede haber eficacia. Reflexiona antes de actuar, traza
objetivos, analiza dificultades, planea estrategias, propone
soluciones, las pone en acción y evalúa los resultados.
• Atento a las oportunidades. Sabe que a todas horas se
presentan oportunidades de evangelizar. Vive con esta conciencia
y no pierde la más mínima oportunidad para difundir el mensaje
de Cristo. Tiene mentalidad de vendedor y aprovecha toda ocasión
para ofrecer sus productos.
• Sobrenatural en sus aspiraciones. Sus criterios no son
los de este mundo. Por eso, es capaz de emprender obras de
envergadura con la confianza de que Dios suplirá sus
limitaciones y le concederá la gracia para llevarla a buen
término. Sabe que el protagonista de la misión es Dios y él es
sólo un instrumento dócil en las manos de Dios.
|