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En nuestros
días se subraya el significado de la sexualidad como
"lenguaje", como medio de expresión amorosa en la mutua
donación física.
Está claro que el afecto, el amor, necesita expresarse, ser
dicho. Y no sólo con palabras, sino también con gestos,
acciones simbólicas, miradas, etc. pero también es evidente
que hay diversos tipos y grados de amor, y que las
expresiones usadas requieren ser adecuadas a cada tipo y
grado. No es lo mismo el amor de una madre por el hijo,
que el de dos hermanos, o el de dos amigos, o el de unos
novios, o el de los esposos. Todos esos afectos piden ser
expresados, pero de modo diverso. Entendemos enseguida que
sería aberrante expresar sexualmente el amor filial o el
cariño profundo de dos hermanos. Igualmente hay que
comprender que el afecto existente entre dos amigos, o ya
novios, no tiene las mismas características que el amor
esponsal, y que por lo tanto no se pueden usar las mismas
expresiones de amor en ambos casos.
La donación sexual plena es un lenguaje maravilloso que dice
donación total, incondicional. Una donación mutua que,
además está intrínsecamente ordenada a la posibilidad
de engendrar nuevas vidas, fruto del amor. Todo eso
"dice" la relación sexual. Algunos quieren negar o disminuir
la importancia de ese significado procreativo del acto
sexual, pero me parece que no se puede negar algo que se
presenta con evidencia, apenas se reflexiona un poco sobre
la estructura misma, la dirección intrínseca de ese acto.
Por eso mismo, querer experimentar esa relación sexual
fuera de ámbito de donación total, expresamente
ratificada, que supone el matrimonio, es mentir
gravemente, es "decir" con el lenguaje de la donación
sexual algo que no se quiere ni se piensa. Por eso la
relación sexual antes o fuera del matrimonio suele ser
expresión de egoísmo más que de amor; y por lo tanto un
corrosivo contra el verdadero amor. Es un engaño
justificarlo todo con el "ella lo quería". También existe el
"egoísmo en pareja". No basta tampoco decir "es que nos
queremos". El amor que une a dos amigos o a dos novios no es
el de dos esposos, no ha cuajado aún definitivamente en la
entrega total y definitiva, abierta a la donación de la vida
a futuros hijos que sólo el matrimonio realiza. Antes de él
se está todavía en un estado transitorio, de prueba, de
internidad. A este estado deben corresponder manifestaciones
de afecto adecuadas para expresar la mutua donación, pero
una donación que no es aún totalizante, definitiva. Puede
parecer que los propias gestos nacen sólo del amor, pero
frecuentemente se mezcla éste con la pasión, y, si no se
tiene cuidado, con un naciente egoísmo que puede terminar
por destruir el amor que poco a poco se había ido forjando,
acabando para siempre con las legítimas ilusiones que habían
ido floreciendo en el corazón de ambos desde el día en que
comenzaron a enamorarse.
Algunos, pensando en las manifestaciones de afecto adecuadas
al período de noviazgo, suelen preguntar: "¿Hasta dónde
se puede?". Ese modo de hablar denota ya un
malentendido. La cuestión no está en saber hasta dónde se
puede actuar sin caer en pecado. El amor no es así. Lo
importante es tratar de basar todas las relaciones mutuas en
esa donación profunda, sobre todo espiritual, del propio yo
al ser amado. Se requiere luego un poco de atención y de
sinceridad para autoanalizarse y ver si los propios gestos
afectivos son expresiones de verdadero amor o más bien
búsqueda pasional del placer, aunque esté mezclada con
sentimientos de afecto. Si en sus relaciones sienten que se
enciende y crece la excitación sexual, pueden sospechar que
la intención no es del todo limpia.
Esto es importante, porque poco a poco se puede ir cayendo
en el error de "usar" al otro, y por lo tanto, "abusar" de
él para satisfacer los propios deseos de placer. No hay
mejor manera para destruir el amor. Muchos de los fracasos
en los noviazgos, y después en el matrimonio, derivan de
ahí.
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