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En el transcurso de un fin de
semana de reflexión sobre el amor, chicos y chicas de varios
centros, han mantenido un debate con los mayores.
El problema del matrimonio y de la unión libre ha sido el
motivo del encuentro. Cada uno se ha expresado abiertamente,
aunque no todos tenían la misma visión sobre el tema. Hubo
momentos en los que el debate era vivo. Las razones y las
situaciones parecían diversas.
Intentar conjuntamente ver lo que ocurre, comprender las
reacciones de alguien que vibra y siente las cosas de modo
diferentes, descubrir otros puntos de vista, buscar las
razones de tal o cual comportamiento, los valores y los
riesgos de elección personales, ¿no es un esfuerzo que
merece la pena?
No veo por qué el matrimonio con alguien a quien se ama
puede ser embarazoso, una represión. Es más bien una
liberación y la fidelidad que se promete ayude a liberarse
de todo lo que impediría amar al otro/a siempre mejor y más
intensamente.
El problema es que no se quiere renunciar siempre a pequeñas
infidelidades, concesiones en los gustos personales, etc; se
detiene en el hecho de que se renuncia, y por tanto se
aliena- como se dice ordinariamente- pero la verdad es que
se trata como un corredor que deja aparte muchas cosas que
le proporcionarían placer, pero le impedirían tener éxito en
su carrera, consagrándose plenamente a ella.
Me doy cuenta de que la aventura del matrimonio merece la
pena entregarse a él en todo tiempo y por completo.
Creo que la unión libre es la peor de las dificultades.
Tengo pocos años, puedo cambiar de opinión, pero me parece
que si es para muchos un medio para rebelarse contra la
sociedad, contra las presiones, también puede suceder con el
rechazo de responsabilidades que comprometen verdaderamente
a uno con relación a la otra o viceversa. Solamente se
quiere la libertad de elegir.
Contrariamente a ciertas amigas, no estoy de acuerdo con
ellas en lo de la unión libre. Aunque parezca retrógrado, mi
opinión es firme. Es lo que pienso cuando veo lo que ocurre
a mi derredor. En la unión libre no hay ningún lazo que una
realmente al hombre y a la mujer. Desde el momento y hora en
que no están motivados para vivir juntos, apenas la rutina
hace presa en sus vidas, se dicen adiós.
Una de las grandes razones que dan muchos para vivir juntos
sin estar casados, es para conocerse mejor.
Pero,¿qué impide- antes de tomar la opción por el matrimonio-,
buscar conocerse un poco mejor y sobre todo comprenderse? Es
difícil llegar a conocer perfectamente a alguien a quien se
ama. No es una verdadera razón para no casarse.
Para otros, la opinión es de que el ciclo del matrimonio
perpetuo, duradero e intocable se ha terminado ya. Vivir
juntos de mutuo acuerdo es mucho mejor que vivir casados,
protegidos y con papeles.
No, no y no- dicen muchos jóvenes-, la unión libre no es
ausencia de sentimientos como se juzga a veces. A nuestra
edad, necesitamos afecto y ternura, de compartir lo mejor
que poseemos.
El futuro no sabemos cómo se presentará. Lo que nos importa
es vivir el amor. Lo que nos interesa es que seamos los dos
sinceros en el papel que representamos. Viviremos el
instante. Y si llega el día en que nos cansamos, nos diremos
adiós y quedaremos como amigos. ¡Y basta!
No queremos papeles, ni disposiciones. Nos gusta la aventura.
Y mientras dure, no nos haremos problemas ninguno de los
dos.
Esta es la opinión que se respira en ciertos ambientes y que,
desgraciadamente, su incidencia en la sociedad no está
siendo una buena garantía de convivencia para las parejas
sentimentales. Al menos por lo que se, se escucha y se oye.
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