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Hoy en día, es difícil encontrar un
momento de silencio que nos ayude a pensar lo que vamos
hacer en la vida. Hay muchas distracciones, muchas imágenes
que opacan nuestra mente y nos orillan a vivir en la
superficialidad. Frecuentemente se nos presentan realidades
distorsionadas que no tienen nada que ver con lo que
realmente sucede en el mundo. Esto crea en nosotros
indiferencia, apatía, y "se vive nada más por vivir", al
margen de las cosas, se elige equivocadamente. En pocas
palabras, no se opta por lo que realmente vale la pena.
Un rincón de nuestra persona
Dentro de nosotros guardamos una voz, la voz de nuestros
sentimientos, la fuerza de Dios que vive dentro. Esa voz
nunca saldrá a relucir en la luz de nuestra vida si no la
dejamos, si no le ofrecemos los medios que necesita para ser
oída.
El ruido, las imágenes distorsionadas de la realidad, "no
saber qué hacer" o "a qué dedicarse" o "en qué gastar la
vida", apaga la voz interior de la persona. Necesitamos
discernir el rumbo que nuestra vida puede tomar, ser persona
con horizontes, en fin, conocernos, saber y estar
convencidos que hay un proyecto de vida para cada uno.
Un llamado a los jóvenes de hoy
Actualmente, los jóvenes son bombardeados por muchas ideas
que apagan la creatividad y espontaneidad. Pero, en este
momento, quisiera que en el corazón de los jóvenes resonaran
fuertemente estas preguntas: Tú joven, ¿Has decidido en qué
vas a gastar tu vida? ¿Has pensado alguna vez que tus
hermanos te necesitan en muchas partes del mundo? ¿Has
levantado la mirada para ver cómo sufren miles de hombres a
causa de la violencia, el hambre, la injusticia...? ¿Has
pensado que el Señor te llama a dedicar tu vida por algo que
verdaderamente vale la pena?
Dios llama de muchas maneras
Las llamadas que Dios hace a los hombres son muy variadas, y
todas tienen la finalidad de construir un mundo más justo y
más fraterno. Un mundo en donde todos tengamos la
oportunidad de brindar nuestra existencia al servicio de la
vida, "para que todos tengan vida" (cf. Jn 10). Hay quienes
son llamados al matrimonio para vivir en el seno de una
familia el amor y la entrega generosa, la dedicación y la
ayuda mutua.
Hay quienes viven solos, siempre disponibles a los demás;
célibes, siempre capaces para vivir en la libertad de los
hijos de Dios. Hay personas que se consagran de por vida al
servicio del Reino de Dios para entregarse por los demás y
dar testimonio del Evangelio entre sus hermanos más próximos
y entre aquellos que están lejos.
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