Hay
algunas
cosas en
nuestra
vida
que, de
alguna
forma,
son
reflejo
de Dios.
Tal vez
no lo
vemos
tal y
como es,
pues
siempre
es mayor
que lo
que
percibimos.
Pero hay
algunas
formas
de
vivir,
de ser,
de estar
y de
querer,
que nos
hablan
de Dios…
Y la
amistad
es una
de
ellas.
Me
alegro
de tener
gente
cercana.
Vidas
que se
cruzan
con la
mía.
Rutas
que
hemos
recorrido
juntos
(al
menos
por un
trecho),
por
senderos
que a
veces se
separan
y luego
se
entrecruzan
de
nuevo.
Me
siento
afortunado
por que
hay
nombres
que
forman
parte de
mi vida,
no como
un
apunte
en una
agenda,
sino
como una
historia
compartida.
Hoy sé
que no
se puede
mitificar
la
amistad,
que a
veces es
sublime
y a
veces
horrible
(o
ambas).
Sé que
no te
libra de
las
batallas
(a veces
las
provoca),
y casi
siempre
se
construye
desde lo
más
cotidiano.
No te
libra de
momentos
de
soledad.
Pero es
importante
darte
cuenta
de
quiénes
son “tus
gentes.
Nos
necesitamos
Es tan
sencillo
como
eso.
Solos no
podemos
salir
adelante.
En los
momentos
de
alegría
hace
falta
alguien
con
quien
compartirla.
Y en los
de
tristeza
alguien
para
acompañar
la
desazón.
Gente
con
quien
poder
reírse y
sentirse
en paz.
En
quienes
confiar
y a
quienes
poder
acudir
sin
necesidad
de
inventar
excusas.
Tampoco
podemos
mitificar
la
amistad
(como lo
hace uno
cuando
es
adolescente).
Mis
amigos
también
tienen
sus
manías
-como yo
las
mías-.
Les
quiero
tal y
como son.
Sé que
podemos
discutir,
pero al
final
los
vínculos
siguen
inamovibles.
Puede
haber
tormentas,
y
saldremos
de ellas
más
fortalecidos.
Y qué
alegría
cuando
recibes
un
mensaje
de
alguien
a quien
le
habías
perdido
la
pista. O
cuando
los
caminos,
que
siempre
juegan
con
nosotros,
se
vuelven
a
cruzar.
Qué bien
sienta
cuando,
estando
agitado,
aparece
esa
presencia
familiar
que me
ayuda a
reírme
de mí
mismo.
-
¿Quiénes
son
los
nombres
importantes
de
tu
vida?
-
Los
amigos
que
has
ido
teniendo
en
tu
historia
“El
amigo
fiel es
refugio
seguro.
El que
lo
encuentra,
ha
encontrado
un
tesoro”.
(Eclo
6,14)
Buenos
amigos
No puedo
dar una
definición
de lo
que es
“un buen
amigo”.
¿Es
aquél
con
quien
compartes
mucha
intimidad,
o poca?
¿Con
quien
hablas
de todo,
o casi?
¿Con
quien te
sientes
a gusto?
Pues sí
y no.
Cada
historia,
cada
relación,
cada
amistad,
es un
poco
distinta.
En unos
casos
está
hecha de
compartir
lo
cotidiano,
y en
otras de
abrir el
corazón
desnudo.
En unos
casos
surge
casi a
bote
pronto,
sin
saber
muy bien
por qué,
y en
otros
nace del
trabajo
común,
del
tiempo
gastado
con
otros,
de irse
conociendo
despacio…
Hay con
quien te
ríes de
veras, y
con
quien
puedes
mostrar
tu
enfado.
Pero, en
todo
caso,
todos
esos
brazos
cercanos,
esas
vidas
que se
asoman a
la mía,
esos
momentos
que van
tiñendo
mi
horizonte
se
vuelven
parte
del
suelo
firme en
el que
se puede
construir
una
vida.
-
¿Quiénes
son
los
nombres
importantes
de
tu
vida?
-
Los
amigos
que
has
ido
teniendo
en
tu
historia
-
¿En
qué
sentido
crees
tú
que
la
amistad
nos
habla
de
Dios?
“A
vosotros
os llamo
amigos,
porque
todo lo
que he
oído a
mi Padre
os lo he
dado a
conocer”
(Jn
15,15)
HOY
PUEDO
ESTAR
CONTIGO…
Hoy
puedo
estar
contigo.
He
deseado
para ti
todo el
bien y
me
acompaña
la
bondad
del
amor. A
ti te
debo
gozar en
soledad
la
compañía
más
difícil
del
hombre,
la que
tiene
consigo
mismo.
No me
causa
miedo
reconocerme,
ni busco
a nadie,
no.
Le has
dado a
mi
semblante
sin
saberlo
una luz
interior
que me
hace
fuerte,
para
vencer
mayores
soledades.
Manuel
Altolaguirre