Ser discípulo, Señor, es
aceptar tu
llamada, dejar todo y
ponerse en camino, tras
tus pasos.
Es compartir la vida,
aprender de Ti, en lo
cotidiano, descubrir el
misterio, apasionarse,
como vos, por la vida
del pueblo y los
hermanos.
Ser discípulo es
recrear tu camino en
Galilea; tu práctica
comprometida, valiente y
transgresora,
por dar vida,
partiendo desde los que
menos tienen.
Ser discípulo es
preocuparse por el
hambre de los otros, aún
cuando no se posea más
que dos peces y cinco
panes.
Ser discípulo es
compartir lo que se
tiene y ofrecerlo por el
Reino.
Ser discípulo es
aprender a caminar en
sábado denunciar la ley
que oprime y cercena la
vida de los otros,
es enfrentarse a los
poderes de turno porque
el Reino no es como los
de este mundo.
Ser discípulo es tomar
la cruz de cada
día. Darse cuenta que
seguir a Jesús genera
conflicto, produce
enfrentamiento y
controversia, crea dudas
y plantea opciones. La
fidelidad al Señor se
construye cada día, al
tomar la cruz de la
coherencia
y seguir sus huellas,
sin descanso, por el
camino que nos va
revelando. Ser
discípulo es aprender de
Jesús, tenerlo como
maestro, buscarlo como
referencia para nuestras
decisiones.
Ser discípulo es
mirar la vida como lo
hizo Jesús. Ver con la
mirada del
evangelio. Dejarnos
abrir los ojos como el
ciego de Jericó, para
dejar de ver borroso y
descubrir desde dónde
mira Dios las
cosas. Ver, para ser
discípulo Ver, para
sentir como
Jesús. Sentir, para
actuar como él lo
hizo. Vivir como Jesús,
para poder ser signo de
su presencia, aceptando
la cruz,
porque ser discípulo es
ser, como él, signo de
contradicción para los
que se oponen al Dios de
la Vida.
Ser discípulo es
compartir con Jesús los
momentos de encuentro
con el Padre. Descubrir
cómo abrevar en el pozo
de la vida, dónde tomar
fuerzas y cómo discernir
el camino y las
encrucijadas que la
fidelidad a Dios nos va
presentando. Ser
discípulo es aprender a
orar como Jesús.
Ser discípulo es
construir comunidad de
seguidores. El camino
del Reino se hace
unidos; no en solitaria,
liberal y egoísta
relación con Dios sin
los hermanos. La
comunidad se hace en el
camino, se nutre del
compromiso y la práctica
de todos,
se fortalece en la
oración compartida y en
la búsqueda incesante de
la palabra de
Dios aplicada a nuestros
días.
Ser discípulo es
morir al dios que todos
nos hacemos, para nacer
al Dios de Jesús, Padre,
Liberador y lleno de
misericordia-amor
concreto por su
pueblo. Ser discípulo es
aceptar a Dios ser
Dios. Destruir los
ídolos que encierran al
corazón y ponerse en sus
manos para hacer su
voluntad, el Reino y la
Vida.
Ayúdanos Señor a ser
tus discípulos con
alegría y
fidelidad. Abre nuestro
corazón a tu
palabra, abre nuestra
mirada para ver desde
Dios la vida, la
historia, el sufrimiento
de tantos, los
compromisos y las
opciones que puedan
recrear tu camino en el
aquí y ahora de nuestros
días.