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La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia representa la escena del Nacimiento de Jesús en el Pesebre de Belén, donde se destaca la maternidad de la Virgen.

Lo primero que llama la atención, de quien la observa, es la figura de María en actitud de adoración: con sus manos unidas en forma de arco.

Sobre su pecho se distingue una especie de rayo blanco (en forma de triángulo), expresión del nacimiento virginal de Jesús que sube desde el pesebre, donde duerme el niño, hasta casi los hombros de la Madre.

El rostro de María se muestra sereno, con los ojos bajos, sin indicar ni seriedad ni tristeza, sino más bien alegría y paz, en una actitud de meditación.

Su cabeza está cubierta con un velo azul oscuro que le llega hasta los hombros y con una corona de perlas, símbolo de su condición de Reina, por ser Madre del REY y alrededor doce estrellas, que representan a la Iglesia, fundada sobre los Doce Apóstoles.

Detrás se destaca una gran estrella, la misma que acompaño a los Magos, para darles a conocer el Salvador. Su manto está salpicado de dieciséis pequeñas estrellas.

Delante de la Madre se encuentra el Niño Jesús, desnudo, dormido sobre pajas y bien detrás esta San José, vestido con una capa roja y una vela en su mano izquierda.

Historia : María recibió muchas gracias, ella es “la llena de gracia”, pero la más “alta gracia” fue la de ser Madre de Dios.

Esta imagen fue traída a Higüey (República Dominicana) a principios del siglo XVI por los hermanos Trejo, conocidos mecaderes, desde la región de Extremadura, España, donde su devoción era conocida desde muy antiguo

Según la tradición popular la imagen de la Virgen se apareció en un naranjo. En el mismo lugar de la aparición se construyó una ermita y en 1572 se le edifico un santuario. El primero de América, que todavía se conserva.

La actual Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, el más conocido lugar de peregrinación del país, fue consagrado en 1972.

La celebración del 21 de enero, que ha llegado a ser fiesta nacional, se inició como agradecimiento por la batalla ganado por los criollos a los franceses en La Limonade (al norte de Haití), el año 1691.

(Tomado del libro Nuestra Señora de la Altagracia , edición pastoral, de Mons. Ramón de la Rosa, Obispo de la diócesis de la Altagracia, República Dominicana, 1977)
Edición preparada por el seminario Menor Jesús Buen Pastor, Santo Domingo, R. D.

 

 

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