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La Virgen María, la Madre de Dios, es uno de los pilares fundamentales de nuestro sentimiento religioso. María es Madre de Jesús, Madre de Cristo, Madre de Dios, y Madre de todos nosotros, ya que es el mismo Jesús quien así lo proclama.
Los seres humanos tenemos un sentimiento especial hacia nuestra madre. La madre que nos concibe, que nos alberga en su seno seguro y confortable, la madre que nos da a luz sufriendo en el parto, que nos alimenta cuando nuestros ojos aún están cerrados. La madre que sufre por nosotros cuando sufrimos, que vela nuestra enfermedad y nos reconforta. Ésa es la madre a la que los soldados heridos de muerte llaman a gritos en los campos de batalla.
Todo eso es María, nuestra Madre.
Los católicos rezamos a nuestra Madre celestial, Madre de la Humanidad así:
Dios te salve, María.
Llena eres de Gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Y bendito es el fruto de tu vientre: JESÚS.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.