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LA VIRGEN MARIA , MADRE DE DIOS

Abramos la Biblia en el Evangelio de san Lucas, Cáp. 1, del 41 al 48, en la visita de la Virgen María a santa Isabel:

"Llena del Espíritu Santo, dijo Isabel con fuerte voz: "¡Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tu que has creído, porque lo que te han dicho de parte del Señor se cumplirá".

Siempre en la perspectiva del misterio de Cristo

La virginidad de María esta vinculada a la fe en la filiación divina de Jesucristo. Dios hizo el milagro de hacer a María Virgen y Madre, por estar destinada a ser madre del Hijo de Dios.

Por eso el que cree en una de esas verdades, cree en la otra; y el que niega una, por ejemplo la virginidad de María, peligra también su fe en su maternidad divina, o sea, que es Madre del Hijo de Dios; Madre de Dios.Como decíamos antes, los sectarios, al negar estas verdades de fe, empobrecen, vulgarizan la obra maravillosa de Dios, que nos salva dándonos a su Hijo, como dice san Pablo, "nacido de mujer" (Ga 4,4).

Vamos a ver coma se saca esta verdad de fe, que María es Madre de Dios, de la misma Biblia; claro que corroborada por la Tradición oral, la fe de los fieles, transmitida desde los Apóstoles de Jesucristo, e interpretada por el Magisterio de la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo. También decíamos antes que esto no se capta con criterios y razonamientos puramente humanos, sine con la obediencia de la fe y la humildad de corazón. En la Biblia vemos coma el que nace de María es Hijo del Altísimo, es decir, Hijo de Dios; y como María es verdadera madre de esa Persona, resulta que es Madre de ese Hijo del Altísimo, de ese Hijo de Dios.

El arcángel Gabriel le dice: "...concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y llamado Hijo del Altísimo "(LC l, 31). Ahí se ve claro que María es auténtica Madre, porque concibe y da a luz al Hijo.

Volvamos sobre las palabras de Isabel, quien, llena del Espíritu Santo, clama: "Bendita tu entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mi que la Madre de mi Señor venga a visitarme?" El Espíritu Santo es quien habla por boca de Isabel, y llama a María "Madre". ¿De quién? "De mi Señor". Por el contexto se advierte que ese "Señor" es el Hijo del Altísimo, a quien se refirió el arcángel, es decir, del mismo Dios.

Es un misterio insondable de Dios

Es un misterio insondable, que la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios Padre, baje al se no de una humilde criatura. "Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer". Eso no se puede comprender con la sola luz de la razón. Pero en el mismo Magnificad, María, también inspirada por el Espíritu Santo, proclama que Dios es "Poderoso" y "obrador de maravillas" (cosas que estima por encima de la mente humana), y que Dios lo hace porque es "santo y misericordioso" (Le 1,49-5o). Su infinita bondad le lleva a compadecerse y bajarse al ser más pequeño, a la nada. Y si así El lo quiere, ¿quién puede impedírselo?
 

Se necesita, si, la sencillez de corazón. A los humildes, Dios se les revela (Cfr. Mt 11,25). ¿Quiénes fueron los primeros invitados a adorar estos misterios en Belén? Los humildes pastores.

Dice san Mateo que los Reyes Magos, venidos del Oriente "...al entrar en la casa, vieron al niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas, le adoraron. Luego abrieron su cofres, y coma regalo le ofrecieron oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). También en ese texto bíblico se ve que María es la verdadera Madre de ese niño. Y en ese niño hay algo misterioso. Esos Reyes Magos de lejanas tierras son movidos por Dios. Recorren largo y tortuoso camino para venir a postrarse de rodillas ante el recién nacido. Muchos siglos antes, el profeta Isaías había anunciado que "esa Virgen" Iba a ser Madre del "Emmanuel", el Dios-con-nosotros. Es un prodigio realizado por Dios en favor de nosotros; de todo el mundo. Prodigio que, desde lejos, comienza El a predecirlo coma una maravilla de su poder y de su misericordia.

Habla san Ignacio de Antioquia, discípulo de los Apóstoles

Según san Ignacio de Antioquia, quien fue discípulo directo de san Pedro, María es aquella que ha engendrado a Cristo, que le ha dado una carne verdadera y real; por eso El pudo después sufrir y morir por nosotros. Para este santo Padre, la virginidad maternal de María no es un mero privilegio en ella, sine que se convierte en el misterio de Cristo. Nada extraño que mucha gente sin fe o con fe pobre, niegue este misterio. Refiriéndose a la carta a los Efesios, el mismo san Ignacio dice que"... quedo oculta al príncipe de este mundo la virginidad de María y su parto, coma también la muerte del Señor: tres misterios clamorosos que fueron cumplidos en el silencio de Dios". El maligno no supo lo que acontecía. Lo mismo le sigue ocurriendo a los que son del maligno y le pertenecen: no descubren en estos acontecimientos el misterio de Dios, comenta el teólogo José C. R. García Paredes en la obra citada.

Ya en la antigüedad, los gnósticos negaban la encarnación del Hijo de Dios en el seno de María. Pero los santos Padres de la Iglesia del siglo segundo de la era cristiana, ya entendían la maternidad de María como el medio que Dios escogió para abajarse hasta nosotros. Ella, por voluntad de Dios, aporto esos medios necesarios al anonadamiento, la kenosis de Jesús, para El tomar la forma de siervo, para redimirnos del pecado y devolvernos la gracia de Dios.

Esto supuso mucha reflexión y luz de Dios en los primeros teólogos, que fueron los santos Padres que siguieron a los primeros apóstoles de Jesucristo. Algunos sectarios y herejes de entonces sembraron confusión en mucha gente. Pero Jesucristo prometió una asistencia especial a la Iglesia, para que no cayera en el error ni desfalleciera en la fe.

El Concilio de Efeso:
el misterio de Cristo se refleja en María

El ano 431, en el Concilio de Efeso, se definió el asunto. El tema se empezó a estudiar, no como mariológico, sino como cristologico. Fue aprobado solemnemente el titulo de "Theotokos": Madre de Dios. La reflexión bíblica, de cristologiíta se hizo también mariológica. El pueblo de Efeso, lleno de fe y de fervor se lanzo alas calles, proclamando a la "Theotokos", a la Madre de Dios.

Dios juega con los planes y acciones de los hombres. Precisamente en Efeso estuvo el templo de la gran diosa pagana Artemisa, donde se forma el tumulto de gente proclamando: ".grande es la Artemisa de los efesios". "¡Viva la Artemisa de los efesios!" (Cfr. Hch 19,21-41).
 

Ahora, cuatro siglos después, ese mismo pueblo de Efeso avanza por las calles, en procesión y con innumerables antorchas, y no gritan: "...grande es la Artemisa de los efesios...", sino que ensalzan y gritan a María, la "Theotokos" (en griego); la "Dei Genetrix" (en latín); la Madre de Dios: "¡Viva la Madre de Dios!" "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores".

Por lógica, y en este caso por disposición del mismo Dios, la grandeza y santidad del Hijo son reflejadas en la madre. También la admiración, la felicitación y el gozo del pueblo, que movido por el Espíritu Santo, capta los misterios de Dios. Fue una mujer de entre la muchedumbre, que al oír las enseñanzas maravillosas de Jesús y ver los milagros que obraba, "...levándola voz, diciendo: "¡Dichoso el vientre que te llevo y los pechos que te criaron!" (LC 11,27). Asimismo, ese honor que Dios concede a María se proyecta también en nosotros, pues María es una de nuestra raza, de nuestra familia.

V. ¿Cómo se une en Cristo lo divino y lo humano?

En el ano 451 el Concilio de Calcedonia siguió profundizando en este tema cristologico. Defendió y determino la constitución de la persona de Cristo en el instante de su generación virginal. La naturaleza divina y la naturaleza humana asumida por El, se unieron en la persona del Dios-Logos. Unidas, inseparables, pero no en forma confusa, en la única persona de Jesús, la divina.

Con ello se unían en una realidad solo accesible por la fe (In 1,14), o sea, la divinidad del que había nacido de María, y un dato perceptible o visible, su carne, su nacimiento de mujer (Ga 4,4).

En el Credo lo profesamos: "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarno de María, la Virgen, y se hizo hombre".

Por eso el catecismo enseña que en Jesucristo hay dos naturalezas: la divina y la humana; y una sola persona: la divina. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin dejar de ser Dios, se hace hombre, se encarna en el seno de la Virgen María, y asume la naturaleza completa de hombre, con su cuerpo, alma, inteligencia y voluntad. Es lo que se llama "hipóstasis", palabra griega que significa persona. Y de ahí la unión hipostática, o unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la misma per­sona, la persona del Dios-Logos, del Hijo de Dios. En este contexto es que se habla de la Theotokos, de la Madre de Dios. Este es el gran misterio que los dominicanos veneran en el cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia.

VI. ¿En qué se distinguen persona y naturaleza?

En mucho os misterios que Dios nos revela hay aspectos que nuestra inteligencia puede entender, y otros aspectos que la superan. Hay que fiarse de Dios.

Para comprender al menos algo de algunos misterios, conviene saber distinguir entre persona y naturaleza. Naturaleza es el conjunto de cualidades físicas, psíquicas y morales. Persona es el "yo" de cada ser dotado de inteligencia. La persona, o sea ese "yo" de cada uno, es el dueño de todo lo que hay en su naturaleza, en su ser; la persona o ese "yo" de cada uno es el responsable de todas las actividades y acciones que hay en ese ser, en esa naturaleza. Las actividades y las acciones pueden ser muchas, pero el responsable es sólo uno, la persona, el "yo". Por eso no decimos: "mi ojo ve", sino "yo veo"; ni "mis oídos oyen", si no "yo oigo". Ni "mi mente cometió un error" sino "yo me equivoque".

Lo normal es que cada ser dotado de inteligencia, tenga una sola naturaleza y una sola persona. Pero por revelación que Dios nos ha hecho, sabemos (aunque ahora no podamos comprenderlo totalmente) que en Dios hay una sola naturaleza y tres personas distintas. Yen Cristo hay, a la inversa, dos naturalezas (la divina y la humana) y una sola persona: la "divina. En Cristo no hay más que una persona, un "yo" dueño y responsable de todo lo que hay en todo el ser y de todas las actividades, tanto de su naturaleza divina (con todos sus atributos infinitos), como de su naturaleza humana, con todas sus cualidades y acciones.

Ese "yo" de Cristo (que es la persona divina), nace, sufre y muere, y vuelve a tomar la vida por nosotros. No podemos decir que Juana es madre del cuerpo de Pedro, sino de Pedro, de la persona de Pedro, que nació de ella. Y sin embargo, se sabe que Juana solo contribuyo a la formación del cuerpo de Pedro; no de su alma, que vino directamente de Dios. Por eso tampoco hay contradicción en que la Virgen María sea madre de Dios; porque de ella nació Cristo, hombre como nosotros, pero también Dios; Hijo de Dios Padre. Con toda alegría y gratitud al Señor, podemos decir que Ella es, en verdad, Madre de Dios. Santa Isabel, inspirada por el Espíritu Santo, la llamo: "Madre de mi Señor" (Le 1,43).

Es bueno ilustrar un poco la verdad, pero recordemos otra vez que los misterios no son para filosofar sobre ellos, sino más bien para acercarnos confiadamente a Dios, y para vivirlos.

Es una enseñanza que transmitieron los discípulos del Señor San Cirilo de Alejandría, que vivió del ano 370 al 444 y presidio el Concilio de Efeso, declara:

"Si Jesucristo es Dios, ¿Por qué razón la Santísima Virgen, que le dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos transmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearan esa misma expresión. Así nos lo han ensenado los santos Padres. Así los escribió nuestro padre Atanasio, de ilustre memoria, en su libro sobre la santa y consubstancial Trinidad; en la disertación tercera, a cada paso da a la Santísima Virgen el titulo de "Madre de Dios" (De la carta de san Cirilo: Liturgia de las Horas, 27 de junio).

San Atanasio nació en el ano 295, y en el 328 fue elegido Obispo de Alejandría. Fue muy perseguido por algunos- herejes por defender la divinidad de Jesucristo. El recibió esas enseñanzas de los mismos discípulos de los Apóstoles del Señor. Estas son las palabras de san Atanasio:

"La finalidad y característica de la Sagrada Escritura, como tantas veces hemos advertido, consiste en afirmar de Cristo, nuestro salvador, estas dos cosas: que es Dios, y que nunca ha dejado de serlo, el que es el Verbo del Padre, su resplandor y su sabiduría; como también que el mismo, en estos últimos tiempos se hizo hombre por nosotros, tomando un cuerpo de la Virgen María, Madre de Dios."

En su homilía, al clausurar el Concilio de Efeso, san Cirilo exalta esta maravilla de Dios con nosotros, proclamando:

“¿Quién ha oído jamás decir que le este prohibido al cons­tructor habitar en el mismo templo que el ha construido? ¿Quién podrá tachar de ignominia el hecho de que la sirvienta sea adoptada como madre?" (Cfr. Liturgia de las Horas, 5 de agosto).

Las sectas, la mayoría de ellas nacidas del protestantismo norteamericano en el siglo pasado, sin ninguna formación previa ni bíblica ni cristiana, Ges que saben mas que estos santos Padres que vivieron cérea, en el tiempo, de los Apóstoles de Jesucristo, y recibieron de ellos estas enseñanzas? ¿Es qué saben mas que los mismos discípulos del Señor, que bebieron en la misma fuente de la revelación que se nos hizo en el Evangelio, y que nos transmitieron por la Palabra de Dios escrita y por la Tradición Apostólica?
 

A la luz del misterio
de la maternidad de María,
se comprenden los otros dones con que Dios la privilegió

La grandeza de Jesús como Hijo de Dios, es la fuente de la grandeza y el valor que implica la maternidad de la Madre de Dios. Los reformadores son conscientes del privilegio que supone para María ser la Madre del Señor. En su comentario al Magnificad, Lutero lo resalta con palabras llenas de elogio:

"Las grandes cosas que Dios ha realizado en María se reducen a ser la Madre de Dios. Con esto le han sido concedidos muchísimos otros bienes, que nadie podrá nunca comprender. De ahí se deriva todo su honor, toda su bienaventuranza y que ella sea, en medio de toda la raza humana, una persona del todo singular e incomparable. Ella ha tenido con el Padre celeste un niño, y un niño tal... Se comprende todo su honor, cuando se la llama Madre de Dios. Nadie puede decir cosa mayor de ella, aunque uno tuviera tantas lenguas como follaje tiene la hierba, como estrellas el cielo o arena las playas. Hay que meditar en el corazón lo que significa ser Madre de Dios".

La reflexión teológica sobre María como "madre de Dios" estuvo fuertemente ligada en occidente al desarrollo dogmático de la Inmaculada Concepción, la Asunción, la Mediación (Cfr. José C. R. García Paredes: o.c.).

Es decir, que al que "con la obediencia de la fe" acepta el misterio de María, Madre de Dios, le es fácil aceptar los otros misterios con que Dios la preparo y asocio a la obra de la salvación: la Inmaculada Concepción, la Asunción en cuerpo y alma al cielo, como primicia, siguiendo a su Hijo resucitado y glorioso, y el dárnosla a nosotros como Madre espiritual, solicita e intercesora. Todos los privilegios de María se revierten en gloria de Dios, pues es Dios quien lo ha obrado todo, y en beneficio nuestro.

Un ejemplo popular:

En días pasados me contaban que una señora católica de un pueblo estaba hastiada de los repetidos ataques de una sectaria, que le decía que María, la madre de Jesús, era una mujer cualquiera. Por fin, la católica le respondió: "Tu tienes razón, María es una mujer cualquiera, la madre del cristo de ustedes que también es un hombre, un profeta cualquiera; pero el Jesucristo de los católicos es el Hijo del Altísimo, el Hijo de Dios, y por eso no pudo tener una madre cualquiera; sino la llena de gracia, la Madre de ese Hijo de Dios, la Madre de Dios". La sectaria no molestó más a la católica.

Preguntas para la reflexión:

1) ¿En qué perspectiva hay que entender la maternidad divina de María?

2) Refiera los textos bíblicos en que se basa la revelación de este misterio.

3) ¿Por qué es un misterio insondable de Dios?

4) ¿Qué dice san Ignacio de Antioquia, discípulo de los Apóstoles?

5) Según el Concilio de Efeso ¿cómo el misterio de Cristo se refleja en María?

6) ¿Cómo se une en Cristo lo divino y lo humano?

7) Explique un poco lo que es naturaleza y lo que es persona.

8) Según san Cirilo de Alejandría, ¿quiénes transmitieron esta verdad revelada?

9) En atención al misterio de Cristo, ¿con qué otras gracias y dones privilegió Dios a María?

10) En ultimo termino, la grandeza y la gloria de este misterio, ¿a quién engrandece?, ¿para beneficio de quienes?

 

Mons. Juan Antonio Flores Santana
Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros

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