¿CÓMO ES EL SACERDOTE QUE LA GENTE QUIERE?

El ser humano como ser intradistante dígase que siempre quiere más, busca siempre sus comodidades, incluso en el aspecto espiritual. Por eso  siempre nos gusta ir a misa a

 escuchar un buen sermón, a ver un cura que hable bien, que no se pase de tiempo al pronunciar su sermón, que no tome la homilía para abochornar a las personas, y aun más hay algunos que desean que el cura cante toda las oraciones en la misa e incluso que tome en cuenta a las personas que no asistieron a misa ese día.

El pueblo de Dios siempre anda buscando al cura perfecto, al sacerdote modelo, al mejor de todas las parroquias. ¡Cosa casi imposible!   

¿Cómo es realmente el sacerdote?

Uno quisiera que el sacerdote fuera  a su propia medida pero como nos dice la carta a los hebreos 5, 1-6 el sacerdote es: “escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de Sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy", o como dice otro pasaje de la Escritura: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec"”.

De manera que, aunque con sus imperfecciones el sacerdote es un regalo de

 Dios. No es un lujo, no es algo que está a la moda. Me hago sacerdote propia libertad. El sacerdocio no es algo que como ministro uno se apropia, puesto que es un llamado de Dios que se realiza en las personas que él, en su “ternura y misericordia” ofrece a los que se dejan fascinar por su llamado (Salmo 103).

Por eso muchas personas aun no logran comprender el sacerdocio, algunos piensan que los sacerdotes son ángeles bajados del cielo y que no tienen derecho a comer ningún error; ¡Prohibido equivocarse!.

Mientras que otros solo ven un hombre cualquiera.

En realidad el sacerdote es un hombre que ha recibido un llamado especial, pero que sigue sintiendo dificultades en su propia vida y con la tarea de ayudar a santificar a sus hermanos, pero en esa tarea de santificación él debe también, santificarse. Por tanto no hay que dar tanta importancia al traje que lleva, si viste muy formal o sport para atraer más a los jóvenes, que canta y toca el piano o la guitarra, ¡Aunque desafine!

 

Cada sacerdote tiene su propia personalidad, no todos son iguales su único parecer es que han sido tocados por Dios de una manera tan grande, que sus vidas han sido diferente y se han apegado más a Dios que a las cosas del mundo.

La gente debe buscar en el sacerdote a un hombre que le lleva a Dios y al amor al prójimo.

Lo importante es entonces, amar a nuestros sacerdotes tal igual como son, si es necesario con amor y respeto (son nuestros pastores), llamarlo a la corrección fraterna.

Siempre hay que orar por ellos para que cada día Dios los pueda ir santificando, llenando de su Santo Espíritu y haciéndole más dóciles a su llamado.

En tu oración personal agradece al Señor por el Sacerdote que él ha regalado a tu parroquia y nunca dejes de orar por él.

Bendiciones Abundantes

 Por: P. Francisco Polanco (Pancho) y Rvdo. Diác. Luís A. Díaz P