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La fe es base de la pareja
Cada pareja vive en su
matrimonio una experiencia
única e irrepetible. Pero
conocer y meditar en
aquellos que han logrado
llegar unidos y amándose
hasta el fin, puede
ayudarnos a caminar nuestro
propio camino.
Dios quiere hablarnos a lo
más profundo del corazón,
para mostrar cuál es el
camino que nos conduce a
tener un matrimonio feliz.
Mi oración es para que
ninguno tenga que caminar
solo. Que sean los dos como
María y José, que vayan
caminando de la mano con
Jesús.
Siempre que oímos hablar de
Abraham lo asociamos con un
modelo de fe. Pero cuando
analizamos detenidamente
esta figura al lado de su
esposa Sara, se levantan
como un modelo para los
matrimonios que desean ser
felices.
San Pablo, refiriéndose a
Abraham, nos dice:
"No vaciló en su fe al
considerar su cuerpo ya sin
vigor -tenía cien años- y el
seno de Sara igualmente
estéril"(Rom. 4, 10).
La fe de este profundo
creyente no radica sólo en
el hecho de haber creído a
Dios y su propuesta. Creyó
también en él mismo, en su
esposa y en que su
matrimonio estéril podía ser
fecundo.
Esta es la fe que a muchos
nos hace falta. Cuando vemos
el aparente fracaso en la
relación matrimonial, a
pesar de todo, debemos
seguir confiando en que con
la ayuda de Dios podemos ser
felices.
Abraham no dijo al Señor:
¿cómo será posible que con
esta anciana y estéril
esposa podré lograr un hijo?
El sólo creyó, y esa fe los
hizo fecundos.
San Pedro por su parte nos
presenta a Sara como modelo
para las esposas cristianas:
"Así se adornaban en otros
tiempos las santas mujeres
que esperaban en Dios,
siendo sumisas a sus
maridos; así obedeció Sara a
Abraham, llamándole Señor.
De ella os hacéis hijas
cuando obráis bien, sin
tener ningún temor" (1 Pe 3,
5-6).
Mi interés por ver a esta
pareja del Antiguo
Testamento aumentó al ver
que hasta en el sepulcro sus
cuerpos quedaron juntos:
"Allí fue sepultado Abraham
con su mujer Sara" (Gn 25,
10).
¿Qué fue lo que los hizo
llegar hasta el fin? En la
Biblia no encontramos una
respuesta directa, pero
leyendo con atención
descubrimos diversos
acontecimientos que, en la
vida de ellos, ocurrieron, y
la manera cómo enfrentaron
las circunstancias que les
tocó vivir. Esto nos anima,
pues ellos fueron pareja
como nosotros, que supieron
superar los mismos
obstáculos que hoy
enfrentamos.
Los casados son eso:
CASA-DOS, no con casa-tres,
ni casa-cuatro. Es
comprensible que en nuestro
medio, por la falta de
recursos, los nuevos
matrimonios comiencen
compartiendo la casa de
algún miembro de la familia,
pues aún en este caso, que
no es el ideal, es necesario
dejar bien claro que aquella
persona elegida con libertad
y amor, para compartir el
camino de nuestra
existencia, se convierte, al
mismo tiempo, en la persona
más importante en nuestra
vida. |