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La lucha de los matrimonios
Sabemos que Dios nos ha
creado a su imagen y
semejanza. Y una de las
semejanzas con Dios es la
capacidad de amar y ser
amado.
El matrimonio por ser una
alianza de amor es usado
frecuentemente a lo largo de
la Escritura para dar un
ejemplo de lo que es el amor
de Dios para su Pueblo.
Por medio del profeta Óseas
el Señor nos dice:
“Yo te desposaré conmigo
para siempre; y desposaré en
justicia y en derecho, en
amor y en compasión, te
desposaré conmigo en
fidelidad y tu conocerás a
Yahvé” (Os 2, 21-22).
Juan Bautista nos presenta a
Jesús como el novio que
viene a casarse con la novia
(Cfr. Jn 3, 29).
San Pablo recomienda a los
esposos a amar a su esposa
como Cristo ama a la Iglesia
(Cfr. Ef. 5, 25-33).
Por último, el libro del
Apocalipsis presenta a la
Iglesia engalanada como una
novia, lista para las bodas
del Cordero que es Cristo
Jesús (Cfr. Ap. 21).
Como podemos ver, el
matrimonio refleja de manera
visible la alianza y el amor
de Dios invisible con su
pueblo.
Por otro lado la Biblia nos
cuenta que el diablo,
enemigo de Dios y de los
hombres, por envidia trata
de destruir la obra de Dios.
Como Satanás no puede atacar
a Dios directamente, pone
toda su fuerza en atacar al
hombre que es lo que mas se
parece, y n la vida del
hombre el primer objetivo a
destruir en la unidad. La
unidad de los pueblos, la
unidad de los creyentes y,
sobre todo, de la familia;
puesto que Jesús ha dicho:
“Os aseguro también que si
dos de ustedes se ponen de
acuerdo en la tierra para
pedir algo, sea lo que
fuera, la conseguirán de mi
Padre que está en los
cielos. Porque donde están
dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en
medio de ellos” Mt 18,
19-20.
Con todo lo que hemos dicho
es fácil concluir que
destruir los matrimonios es
uno de los intereses más
grandes de Satanás.
Por supuesto que él actúa
con más libertad si los
hombres se empeñan en negar
su existencia y buscar en
otras cosas la explicación
de o culpas de sus fracasos,
pero el apóstol San Pablo
nos alerta:
“Por lo demás háganse
robustos en el Señor son su
energía y su fuerza;
pónganse la armadura de
Dios, para poder resistir
las maniobras del diablo,
porque nuestra lucha no es
contra fuerzas humanas, sino
contra los gobernantes y
autoridades que dirigen este
mundo tenebroso. Nos
enfrentamos con los
espíritus y las fuerzas
sobrenaturales del mal. Por
eso pónganse la armadura de
Dios, para que en el día
malo puedan resistir y
mantenerse en la fila,
valiéndose de todas sus
armas. Tomen la verdad como
cinturón, la justicia como
coraza y como calzado, el
celo por propagar el
Evangelio de la paz. Tengan
siempre en la mano el escudo
de la Fe. Y así podrán
atajar las flechas
incendiarias del demonio.
Por último, usen el escudo
de la Salvación y la espada
del Espíritu, o sea, la
Palabra de Dios...”
Todo matrimonio cristiano
debe saber que luchar por
mantener la unidad y el amor
entre ellos, no es algo que
deba hacer sólo con la buena
voluntad y la energía
humana, menos aún buscando
recursos tales como la
brujería, hechicería,
santería, talismanes,
espiritismos, control mental
y otros que únicamente
empeoran nuestra situación.
Es necesario en esta lucha
armarnos con el poder y las
armas que nos da Dios |