Dios vive sumergido en nuestra vida, en la vida de nuestro mundo, es alguien que está a nuestro lado y nos advierte: <<Cuidado!>> o nos dice: <<¡Adelante!>>. Hace nacer en nosotros sentimientos de compasión o de ternura ante quien sufre. Es Aquel que nos hace <<vulnerable>> ante la necesidad, el dolor o la alegría del hermano.
Es quien nos hace <<preguntar>> o <<interesarnos>>, <<detenernos>>, cuando el quehacer nos apremia y quizás deseamos <<pasar de largo>>. Es quien nos hace ver que es necesario que disminuya mi pobre <<yo>>, para que El pueda manifestarse en mí. Es El, quien nos enseña a morir para dar vida, y quien nos dice lo <<vivo>> que estamos cuando tendríamos que morir...
Si, es Dios, quien está presente y nos habla, no cuando nosotros queremos o como queremos... Como un susurro imperceptible o como una sombra que pasa, esta al lado, aunque no lo vemos, y nos llena de su amor. Es a El a quien percibimos junto a nosotros en el quehacer diario, pequeño y sencillo. Es ese “Otro” que está en nosotros y fuera de nosotros, el que lo llena Todo y lo planifica Todo...
El Dios que hace nuevas todas cosas... quien me hace capacidad para acogerlo... Por eso que insiste: “No se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los odres, y se pierden tanto el vino como los odres. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos” (Marcos 2,22). La novedad la permitimos en la experiencia de Dios como apertura al ser amado que es para nosotros una experiencia enraizada en nuestro propio encuentro con Jesucristo. En Cristo y en su Espíritu es donde plenamente se nos ha revelado Dios. En aprender el arte de escuchar el corazón de Dios...
Santa Catalina Dominica, doctora de la Iglesia bien reconoce la existencia de Dios “Tú eres el que existes y nosotros no existimos sin Tí” y reconoce un compromiso en la Iglesia “cada miembro tiene un espacio y una función irremplazables en la Iglesia, pero los más débiles son los predilectos de su cuidado materno, en igual forma como Jesús los privilegió en su biografía terrena. Ellos son el actual paño de Verónica donde el Señor ha dejado impreso su <<rostro>>”. Las Orientaciones Pastorales de nuestra Iglesia Chilena, nos ayudan a reflexionar en este compromiso eclesial de la entrega y de comunión por que “vivir la comunión es entender y apreciar el don que Dios me ha conferido como regalo a todo el Cuerpo...”
Conscientemente, déjate tú mismo empujar por el viento del Espíritu. Eres hijo del <<Viento>> que te engendró en la Vida, Y piensa que Dios ha puesto en tus manos un camino , un proyecto de su Amor. Asúmelo y vive con la responsabilidad de alentar la vida de tus hermanos. Con la audacia de la sinceridad de tu camino no sólo responderás a lo que Dios te ha dado ti, sino que serás estímulo de vida para cuantos te rodean. Has de vivir en la fidelidad testimonial de un amor entregado hasta el final.
Tu vida ha de ser humilde, sencilla, corriente, sin apariencia, pero con la consciencia clara de que ha de ser de luz. Con la humildad silenciosa de la luz que <<invita>> sin necesidad de gritar; ya es luz cuando acepta quemarse para iluminar y señalar un camino.
Dios, es quien llama e invita a partir, salir de ti mismo para abrir caminos de esperanza entre los hermanos, para alentarlos en la fidelidad a una vocación... camino de radicalidad de una entrega en el amor... Urgencia en nuestra Iglesia de hoy...